LAS PUERTAS DEL INFIERNO TAMBIÉN SON VERDES
-Venid a casa de un escribano, donde firmaréis, un recibo con el compromiso de que, si para tal día no habéis pagado, entregaréis en cambio una libra justa de vuestra carne, cortada por mí del sitio que mejor me pareciere...
Huyes despavoriada ante tal salvajada increible y, poco más allá, aparecen cosas conocidas: Un paraguas, una mesa de disección, cámaras fotográficas, anteojos, cientos de lápices con punta y sin punta, una máquina para moler carne, un espejo antiguo como el que usan los brujos, cordones de zapatos, una guitarra sin cuerdas...Todo dentro de ese espejo que ahora te refleja corriendo, eterna en gerundio, dejando tu rastro de sangre...y el escribano, aspirando tu aroma fragante...Otra Rosa Roja que ya ha hecho suya.
Armando Cristóbal
Moscú-Varsovía-La Habana
domingo, 3 de febrero de 2008
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